Exposición «Ojos de un extraño» de Marta Beltrán.

MARTA BELTRÁN
Ojos de un extraño

06 de junio – 14 de julio 2019

Museo de la Fundación Gregorio Prieto (C/ Pintor Mendoza 57, Valdepeñas)
Organización: Fundación y Museo de la Fundación Gregorio Prieto

«Hay que llegar a un punto en el que algo se rompe, y se abre, ir traspasando algunos límites propios y entrar en lugares que no esperábamos». Marta Beltrán

«Ojos de un extraño» es el título del proyecto expositivo concebido por Marta Beltrán para el Museo de la Fundación Gregorio Prieto tras ganar el primer Premio del XXIV Certamen de Dibujo Gregorio Prieto (2017).

Es indudable que las visitas a este museo prodigioso, rebosante de obras y de recuerdos de Gregorio Prieto, han impregnado las piezas que Marta Beltrán nos presenta. El magnetismo de la personalidad de Prieto, su talento para el dibujo y su exuberante imaginación han enfatizado la tendencia de la artista a guiarse por la intuición cuando acomete la compleja traslación de sus imágenes al papel.

En esta ocasión nos presenta un conjunto de obras en su técnica más conocida: tinta china negra sobre papel, junto a nuevas y vibrantes piezas trabajadas a color.
Haciendo uso de un personalísimo método de filtrado de imaginarios populares, Marta Beltrán disloca las formas de partida para desvelar valores ocultos en esos referentes, mediante la deformación y la extrañeza. Detrás de la sencillez y la contundencia de sus dibujos se esconde un interesante análisis semiológico de la imagen de la mujer, fundamentalmente en la cinematografía, que permite desvelar los estereotipos, las ideas preconcebidas y las imposiciones sociales que el colectivo femenino soporta. En ese proceso, la intuición es clave: «Mi manera de tratar el material es desprejuiciada y está al servicio de descubrir, de permitir que surjan ideas o imágenes, aunque las formas de belleza se vean comprometidas finalmente. La cuestión es que estas imágenes permitan la aparición de contenidos inconscientes y creen nuevas formas independientes de las anteriores».

Curiosamente, esa valentía para relacionarse con los imaginarios populares, con el archivo iconográfico colectivo, la encontramos también en Gregorio Prieto. Por ejemplo, en sus evocadores «popares» en los que hacía convivir en armonía: el Auriga de Delfos, la Virgen de la Consolación de Valdepeñas y un retrato de Greta Garbo. Ambos creadores comparten la capacidad para dialogar lo eterno y lo particular; para relacionarse con el contexto cultural de su época y al tiempo ser capaces de fabular desde un mundo interior propio.

«Ojos de un extraño» … ojos que conmueven.

La exposición «Ojos de un extraño», toma el título del filme de serie B: Eyes of a Stranger (1981), dirigida por Ken Wiederhorn, una película apropiada para la revisión nostálgica que lleva a cabo la artista de referentes de su primera juventud.

El proyecto selecciona obras de sus últimas series: Stories Apart: Excentric Circle. Virgin Series, Conversation with a Snake, Behind the Scene, Mannequin, que sitúan el foco en la mirada contradictoria que se ejerce en el cine y la literatura sobre algunos estereotipos femeninos: la mujer virgen, la madre, la adolescente, la mujer instintiva y sensual…etc.

Se exploran dos temáticas principales: el esfuerzo por recuperar el instinto en relación con la naturaleza, identificando a la mujer con el animal; y la aparición del maniquí y de la muñeca como un doble sustitutivo femenino, como «cuerpo artificial… pero vivo»- en palabras de Marta Beltrán.

La elección de estas referencias parte del cuestionamiento que hace la artista de las películas de su propia infancia y adolescencia. Beltrán reconoce que persigue cierto movimiento de negación del presente, una búsqueda de un «otro» presente que está en el pasado. Un bucle nostálgico que expresaba así, en una de nuestras conversaciones: «A través de una estructura compositiva que refleja formas narrativas cercanas al cine o al relato literario, trato de construir una historia cuya protagonista es la mujer virgen adolescente y sus paralelos en el mundo del pop y la cinematografía: por ejemplo, figuras como Brigitte Bardot y Nastassja Kinski, que subrayan una sexualización femenina. Los referentes se sitúan en un plano histórico de pura nostalgia, mezclado con un presente que a veces se acerca, de nuevo al kitsch y otras al desgarro o al terror. La década de los 80, con películas de serie B, se mezcla con un googleado de imágenes que son documentos actuales de un presente que sorprende en su capacidad de representación».

La «irracionalidad- animalidad» ligada a lo femenino.

La identificación entre la animalidad y la mujer es otro de los asuntos clave del proyecto. Una idea que cultivaron también el surrealismo y otros movimientos de vanguardia, asociando la feminidad a lo irracional y a lo misterioso. En las nuevas obras de Beltrán, conviven la crítica a este cliché y la fascinación por esta idea en su potencial para evocar lo primitivo y auténtico. «Existe un esfuerzo por reconectar con el propio instinto a través de búsqueda de imágenes con las que identificarse a este nivel: imágenes de actrices famosas con toda clase de animales, y a través de su reescritura en dibujo después. Observación y representación de un estereotipo de belleza y sexualidad femenina, que es a la vez emblema de inocencia, pureza y libertad».

Una atracción por identidades menos catalogables, que también se percibe en su interés por analizar la mujer en su paso de niña a joven: «También ahondo en la adolescencia como identidad de tránsito: el encuentro con el personaje femenino adolescente en el cine; la representación de la femineidad y su sexualidad en un momento de alto potencial ».

Maniquíes, máscara y «mascarada»

«He empezado el cuadro de los maniquíes con luz artificial, pinto lo que ellos hacen cuando yo me voy a dormir, sus vidas pasivas, pero vidas, a veces más intensas que las personas de carne». Gregorio Prieto

También coincide Beltrán con Gregorio Prieto en su interés por el maniquí como «cuerpo-objeto», desbordante de sugerencia y ensoñación. Diría que ambos trabajan con el maniquí y con la máscara… y quizá en el caso de Beltrán, con «la mascarada». Me resulta interesante la reflexión en torno a la mascarada desde que Joan Rivière publicara en 1929 su célebre Womanliness as a Mascarade. Recordemos que Rivière proponía que la máscara híper- actuada de la feminidad no era sino un modo de evitar la venganza de los hombres cuando las mujeres eran intelectuales e intentaban ocupar su lugar en la sociedad. La máscara desvela toda la ambigüedad de las farsas del ser, el parecer, el desear, el proponer…

La idea de «las muñecas» como sustitutas de la naturaleza femenina es un tema clásico del movimiento surrealista. Quizá la muñeca de Hans Bellmer es la obra que mejor recoge la esencia del erotismo surrealista: un artefacto articulado de tamaño natural símbolo de la mujer inerte que condensa todo el deseo sexual, sádico y voyeur de la época. Considero que en las «muñecas humanizadas» de Marta Beltrán, desde la ambigüedad, se responde a este tópico surrealista para desbaratarlo. En su obra, la mujer sigue siendo enigma, pero no está falta de fuerza, ni de acción, todo lo contrario: desborda poder y decisión.

El miedo a amar y la búsqueda de eternidad.

Me atrevería a sugerir que la exposición «Ojos de un extraño» desvela también el miedo al amor que manifiestan muchos artistas, cuando amar roba tiempo a crear. Hablo del pánico a terminar siendo arrebatado por la vida convencional de la pareja y la familia normativas. La compleja revisión que hace la artista de los imaginarios de las películas Eyes of a stranger (1981) y La posesión (1982) podría interpretarse por este camino.
Amar, crear y ser libre no es tarea fácil para el que se entrega a la exigente labor de crear. La angustia es vivir atrapado en la «doble vida»: fuera y dentro del tiempo, fuera y dentro de las convenciones.

La pareja, el novio, pueden convertirse en el «asesino de la artista».

Quizá enamorase del trabajo propio es la única salida. Marta Beltrán trabaja con la película Me enamoré de un maniquí (1987) para sumergirse en esta paradoja. Y en 1969, Gregorio Prieto respondía de esta manera sobre si él podría amar a una escultura: «Podría contar tantas cosas… aberraciones espirituales cuando los secretos ocultos de una escultura producen un sentimiento físico de deseo. Yo he mirado a una Venus griega y la he deseado».

Susana Blas Brunel

En Madrid, barrio de Lavapiés, el 22 de abril de 2019, en plena Semana Santa.

 

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