Un día del verano de 1922, sobre las cinco de la tarde, Gregorio Prieto regresaba de probarse un traje, caminando por una calle de Madrid cuando se cruzó con un joven poeta gaditano. Se saludaron, intercambiaron las preguntas de rigor, y entonces uno de los dos se quedó sin saber qué decir. Hubo un silencio. El poeta se dio la vuelta y le dijo: “Si no tienes nada que hacer, acompáñame, ya que la casualidad hace que tú vengas de donde yo voy.” Prieto, tímido como era, intentó escabullirse: “No puedo, tengo que hacer.” El otro no aceptó la excusa: “Pues deja lo que tengas que hacer y vámonos de paseo.”
Así comenzó la amistad entre Gregorio Prieto y Rafael Alberti. Fueron a sentarse a una terraza del Retiro a tomar una cerveza y unas patatas. La conversación duró horas. Y la amistad, casi medio siglo.
Los primeros años: el retrato, la tuberculosis y la sierra
Aquel verano de 1922, Alberti estaba en plena decisión de vida, entre la pintura y la poesía. Ese mismo año había expuesto en el Ateneo de Madrid, todavía con la vocación de pintor sin resolver. Lo que Prieto vio en él desde el primer encuentro fue un temperamento afín: alguien que entendía las imágenes con la misma intensidad que él mismo.
En el verano de 1923, Alberti se marchó a San Rafael, en la sierra madrileña, a recuperarse de una tuberculosis. Desde allí le escribió a Prieto una carta que conserva el archivo de la Fundación, fechada el 2 de agosto de 1923:

“Querido Gregorio: Ven a verme. Hay aquí quien muy bien habla de ti. Estoy feliz entre el cielo y la tierra. ¡Me han declarado ‘inútil total’! ¡Oh alegría! Ven mañana o pasado, para celebrar esta extraordinaria suerte. Hay un tren que sale de Madrid a las 8, en punto, de la mañana. No me faltes, Gregorio.”
Rafael Alberti a Gregorio Prieto. San Rafael, 2 de agosto de 1923. Archivo Fundación Gregorio Prieto.
El “inútil total” era una declaración médica de inutilidad para el servicio militar, recibida como una liberación. La carta es un retrato de la amistad en sus inicios: directa, desenfadada, sin protocolo. “No me faltes, Gregorio.”

A su regreso de la sierra, ya en otoño, Prieto le propuso a Alberti hacerle un retrato. Alberti fue a posar al estudio del pintor, todavía vestido de negro por el luto de su padre. El cuadro lo representaba de medio cuerpo, delgado, con un perfil abstraído y un libro abierto entre los dedos. Décadas después, Alberti lo recordaba en La arboleda perdida: “Obra muy juvenil, parece sostenerse a través de los años y conservar aún bastante encanto y simpatía.”
Alberti escribe sobre Prieto
Alberti, que ya hemos dicho que en su juventud se había debatido entre la pintura y la poesía, poseía una sensibilidad plástica poco común entre los poetas del 27. Eso le permitió escribir sobre la obra de Prieto con una precisión que no era desde el lado del crítico, sino la del creador que reconoce a otro creador.
En 1928, antes de que Prieto partiera hacia la Academia de España en Roma, la Sociedad de Amigos del Arte le organizó una exposición de despedida en el Palacio de Bibliotecas y Museos. Alberti escribió el prólogo del catálogo junto a Vicente Aleixandre. Allí definió así la pintura de su amigo:
“Qué bien vas a estar, amigo Gregorio, en Roma y en el mundo para ti mismo, para tu arte tan creciente. Qué diafanidad estricta y rica la de tu vida y tu obra en estos años próximos, dueño de tu dominio, poderoso creador.”
Rafael Alberti, prólogo al catálogo de la exposición de Gregorio Prieto, 1928.
Y en otro texto, recordando a Prieto en sus años de juventud, le dedicó una metáfora que mezcló La Mancha y la vanguardia: “Tú, como buen manchego, no eres un punto cualquiera de la circunferencia; eres un centro. A su alrededor giran los cuatro puntos cardinales. Molino joven, que todavía no ha dado muchas vueltas, abre su estrella a todas las ventiscas, llevando el sol entre sus aspas.”
El archivo conserva también el texto Fotografía ideal de Gregorio Prieto, donde Alberti escribió sobre él como “juventud discípula de los árboles”, y un poema dedicado al pintor: “A Gregorio en Delfos“, firmado también por Rosa Chacel y Emilio Prados.
Prieto pinta a Alberti: del retrato al homenaje
La deuda visual de Prieto hacia Alberti fue también considerable. Además del retrato de 1923, el pintor manchego desarrolló entre 1926 y 1928 un género propio: bodegones concebidos como homenajes a los poetas del grupo. En su primera exposición individual en París, en la galería La Grande Maison de Blanc, exhibió una obra titulada Homenaje a Rafael Alberti: libros y flores en una composición cubista donde el lomo de Marinero en tierra aparecía pintado de forma explícita, como tributo directo al poemario de su amigo.

En 1935, publicó en París la carpeta Matelots: doce grabados y dibujos de línea pura que exaltan la figura del marinero como símbolo de libertad y virilidad. La atmósfera y la carga simbólica de esa serie dialogan directamente con la poesía de Alberti, que había asentado la figura del marinero en la literatura española con Marinero en tierra.
La influencia fue recíproca y duradera. En 1976, la galería Esti-Arte editó la carpeta Gregorio Prieto y cinco poetas de la Generación del 27, un libro-carpeta con serigrafías y dibujos de Prieto acompañados de fragmentos de cartas y versos manuscritos de cada poeta. Alberti ocupaba un lugar destacado en el conjunto.
París, el exilio y María Teresa León
Pero la relación plástica entre ambos no fue solo en un sentido. El Museo Gregorio Prieto conserva tres obras del propio Alberti, pintadas en sus años de formación cuando todavía se debatía entre la pintura y la poesía: El pueblo, Farolillo y Coñac Osborne. Tres ceros. Son piezas de geometría rotunda, colores planos y un lenguaje muy próximo al cartelismo de vanguardia. Alberti las regaló a Prieto como muestra de aquella faceta creadora que la poesía acabaría ganando.

A finales de 1934, Prieto se instaló en París gracias a una beca de la Junta de Relaciones Culturales. Allí retomó el contacto regular con Alberti y con su mujer, María Teresa León. Los tres se reunían con frecuencia en el Café Colisée, donde charlaban, escribían juntos y participaban en los juegos experimentales del surrealismo, incluidos los célebres “cadáveres exquisitos”.
El archivo de la Fundación Gregorio Prieto conserva correspondencia de ambos. Las cartas de Alberti hablan de poemas, de exposiciones, de conciertos, de visitas que se prometen y a veces se cumplen. Una, desde Roma en 1964, está firmada conjuntamente por Alberti y María Teresa: le felicitan por Dibujos de García Lorca y añaden “¡Recibimos pues el Lorca!” con admiración. María Teresa León también le escribió por su cuenta, pidiéndole en una ocasión fotografías de molinos manchegos para un proyecto propio.
El archivo guarda también una postal que Alberti envió a Prieto desde Noruega con una fotografía de Bergen nevada: la imagen de dos amigos que se siguen la pista por Europa a lo largo de décadas.
69 documentos en el archivo
El archivo de la Fundación Gregorio Prieto conserva 69 documentos relacionados con Rafael Alberti: cartas manuscritas, postales, tarjetas, poemas autógrafos, dedicatorias y textos críticos. Es la correspondencia más extensa de todo el fondo epistolar, por encima incluso de la de Vicente Aleixandre.
Los títulos de algunos documentos dan idea de la variedad y la intimidad del intercambio: Carta sobre la amistad y crisis creativa, Carta en torno al otoño y el amor, Carta sobre unos poemas que ha escrito, Mensaje para que le visite, Carta reclamando su visita, Carta sobre su estado de salud. No son cartas de poeta a colega: son cartas de amigo a amigo, con todo lo que eso implica.
En sus últimos años, Prieto describió la suya con Alberti como una “amistad frívola, pero muy cariñosa también”. Quizás esa frivolidad era exactamente lo que la hacía tan duradera. No necesitaban hablar de arte para ser amigos. Les bastaba con un tren que salía de Madrid a las ocho en punto de la mañana.
Puedes leer más sobre otras relaciones documentadas en el archivo en nuestro artículo Gregorio Prieto y Federico García Lorca: una amistad entre el pincel y la palabra, o conocer el conjunto de artistas plásticos del 27 en Los artistas plásticos de la Generación del 27: más allá de los poetas.
Museo Gregorio Prieto
Calle Unión, 10 · Valdepeñas, 13300 (Ciudad Real)
Teléfono: +34 926 324 965
museo@gregorioprieto.org · www.gregorioprieto.org
Horario: martes a sábado, 10–14 h y 17–20 h. Domingos y festivos, 11–14 h. Cerrado los lunes.
Entrada general: 5 € · Reducida: 2,50 € · Grupos (desde 8 personas): 3 € · Entrada + libro guía: 12 €
Todas las entradas incluyen audioguía EasyGuide en el móvil.