Cuando se habla de la Generación del 27, el relato canónico suele detenerse en los poetas. Y con razón: Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Jorge Guillén o Pedro Salinas conforman uno de los grupos literarios más brillantes de la historia en lengua española. Pero el 27 no fue solo un fenómeno literario. Fue un estado de ánimo colectivo que atravesó la pintura, la música, el teatro y la fotografía. Y en ese plano visual, hubo artistas que compartieron espacios, amistades y búsquedas estéticas con los poetas del grupo.
Recuperar sus nombres no es un ejercicio de justicia póstuma. Es entender el 27 en toda su dimensión, tal como lo vivieron quienes lo protagonizaron.
Una generación que también pintó
La etiqueta “Generación del 27” no funciona como una categoría cerrada de edad o de oficio. Como ha señalado la historiografía reciente, es una construcción cultural que agrupa a creadores vinculados por redes de sociabilidad, afinidades estéticas y una manera compartida de entender la relación entre tradición y vanguardia. Eso explica que dos pintores nacidos en el mismo año y formados en la misma escuela puedan haber quedado dentro o fuera del relato del 27 según las amistades que cultivaron, los círculos en los que se movieron y cómo la crítica posterior los integró en ese mapa.
Los pintores que hoy se asocian al 27 no formaron un grupo pictórico cohesionado como sí lo hicieron los poetas. Se conocían, coincidían en exposiciones, compartían publicaciones, pero cada uno siguió una trayectoria propia. Lo que los une es haber respirado el mismo aire: el de la Residencia de Estudiantes, las revistas de vanguardia, el surrealismo que llegaba de París, y la amistad con los escritores que definieron el movimiento.

Benjamín Palencia: el paisaje como vanguardia
Benjamín Palencia · Barrax, Albacete, 1894 — Madrid, 1980
Uno de los pintores más directamente vinculados al espíritu del 27. Rebelde contra el academicismo: nunca estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, formándose copiando a Velázquez y El Greco en el Prado y asistiendo a clases de Elías Tormo en Madrid. Desarrolló un lenguaje propio a partir del paisaje castellano, alejándose progresivamente del academicismo hacia una pintura de formas simplificadas y colores intensos que lo acercó al expresionismo y a las vanguardias europeas.
Su conexión con el grupo del 27 fue directa. En 1927, Palencia y Gregorio Prieto colaboraron juntos con dibujos en el número extraordinario de la revista Litoral dedicado a Góngora, el documento fundacional del movimiento. Ambos coincidieron también en exposiciones colectivas de la Escuela de Madrid y en muestras de arte español contemporáneo a lo largo de los años cuarenta y cincuenta. Como Prieto, Palencia fue un artista que se radicalizó en sus posiciones durante la República, aunque sus compromisos políticos y sus trayectorias vitales tomaron caminos distintos.
Maruja Mallo: surrealismo y energía desbordante
Maruja Mallo · Viveiro, Lugo, 1902 — Madrid, 1995
Probablemente la pintora más conocida del entorno del 27, gracias en parte al trabajo de recuperación emprendido por el movimiento Las Sinsombrero. Su obra, de una energía visual extraordinaria, transita del surrealismo a la geometría, del bodegón festivo a los grandes murales de inspiración americana.
Mallo fue una de las figuras más activas de la vida cultural madrileña de los años veinte. Amiga personal de Lorca, Alberti y Dalí, su presencia en los círculos del 27 es indiscutible. Con Gregorio Prieto mantuvo una de las amistades más duraderas del archivo: se conocieron en sus años de formación y la relación se prolongó durante décadas, con una correspondencia abundante conservada en la Fundación. La fotografía de la verbena de Madrid de 1927, donde aparecen juntos Mallo, Prieto, Rosa Chacel y Concha Méndez, es uno de los documentos visuales más evocadores de aquella generación.
Las pintoras del 27: un capítulo en proceso de recuperación
La historia del arte ha tardado décadas en restituir el lugar que les correspondía a las mujeres artistas de la Generación del 27. El movimiento Las Sinsombrero ha sido decisivo para devolver visibilidad a pintoras, escultoras y escritoras que fueron contemporáneas de los grandes nombres del grupo pero quedaron relegadas por el doble sesgo del género y de la posguerra.

Ángeles Santos · Portbou, 1911 — Madrid, 2013
Su obra Un mundo (1929), pintada con diecisiete años, es una de las piezas más impresionantes del surrealismo español. Generó un impacto enorme en su momento antes de caer en el olvido durante décadas.
Menchu Gal · Irún, 1918 — Madrid, 2008
Primera mujer en obtener el Premio Nacional de Pintura en España. Coincidió con Gregorio Prieto en numerosas exposiciones colectivas.
Remedios Varo · Anglès, Girona, 1908 — Ciudad de México, 1963
Desarrolló en el exilio mexicano una de las obras surrealistas más singulares del siglo XX.
Ninguna de ellas formó un grupo propio. Pero todas compartieron formación, espacios y el mismo clima intelectual que definió al 27.
Gregorio Prieto: un pintor del 27 desde dentro
Gregorio Prieto (Valdepeñas, 1897 – Valdepeñas, 1992) pertenece a la Generación del 27 por su obra, no solo por sus amistades. Es una distinción importante, porque la crítica ha tendido a presentarlo como “el pintor de los poetas”, reduciendo su figura a la de un artista que retrató a Lorca o que conservó las cartas de Alberti. Esa lectura es injusta y, sobre todo, incompleta.
La obra de Gregorio Prieto comparte con la poesía del 27 la misma tensión fundamental: la de recuperar lo popular y lo clásico para someterlo a la vanguardia. Cuando Alberti y Cernuda escriben sobre marineros, Prieto los pinta: figuras que aparecen en su obra con la misma carga simbólica y onírica que tienen en los versos de sus contemporáneos. Cuando Lorca recupera el romancero y lo carga de imágenes surrealistas, Prieto está haciendo lo mismo con el paisaje manchego: los molinos, los pueblos blancos, la luz de La Mancha vistos a través del cubismo y la pintura metafísica, elevados a imagen poética sin dejar de ser reconocibles. Es lo que el 27 llamó popularismo: la raíz local convertida en lenguaje universal.
“El poeta de la línea”: así llamó la crítica a Gregorio Prieto, reconociendo en su trazo una manera de construir imágenes con la misma economía y la misma intensidad que un verso bien medido.
El dibujo, la fotografía y el collage, disciplinas que cultivó con la misma seriedad que la pintura, lo sitúan en el centro de las búsquedas plásticas de su generación.

Hay una dimensión más de la obra de Gregorio Prieto que lo conecta con el 27 de forma singular: el tratamiento del deseo y la sensualidad masculina. En la pintura española de su época, el erotismo entre hombres es un tema prácticamente ausente. Prieto lo aborda con una naturalidad y una carga simbólica que no tienen parangón entre sus contemporáneos: marineros de mirada intensa, efebos en paisajes oníricos, figuras masculinas tratadas con la misma ternura y el mismo misterio que la poesía homoerótica de Lorca o los versos de Cernuda sobre el deseo imposible. No es una coincidencia. Es una comunión profunda, vital y estética, con compañeros de generación que compartían una experiencia del amor que la época obligaba a cifrar o a sublimar. Que Prieto lo trasladara a la pintura con esa libertad lo convierte en una figura singular no solo dentro del 27, sino en el conjunto de la pintura española del siglo XX.
Las amistades con Lorca, Alberti, Aleixandre o Cernuda, y el archivo de cerca de ocho mil documentos que las documenta, son la prueba de que Prieto vivió el 27 desde dentro. Pero la razón por la que pertenece a ese movimiento es su obra. Puedes conocerla en la colección del Museo o leer más sobre su figura en ¿Quién fue Gregorio Prieto y por qué pertenece a la Generación del 27?
Una dimensión que el centenario de 2027 no puede ignorar
El centenario de la Generación del 27 que se conmemora en 2027 es una oportunidad para recuperar la imagen completa del movimiento. Los poetas son su núcleo indiscutible, pero la pintura, la música y las artes escénicas forman parte del mismo impulso creador. Entender el 27 sin sus pintoras y pintores es entenderlo a medias.
El Museo Gregorio Prieto en Valdepeñas conserva una parte esencial de esa memoria visual: obras del propio Prieto, piezas de otros artistas de su tiempo, y el archivo epistolar que documenta como ningún otro fondo las relaciones humanas y artísticas de toda una generación. Para quienes en 2027 quieran acercarse al 27 más allá de los versos conocidos, Valdepeñas es una parada imprescindible.
Museo Gregorio Prieto
Calle Unión, 10 · Valdepeñas, 13300 (Ciudad Real)
Teléfono: +34 926 324 965
museo@gregorioprieto.org · www.gregorioprieto.org
Horario: martes a sábado, 10–14 h y 17–20 h. Domingos y festivos, 11–14 h. Cerrado los lunes.
Entrada general: 5 € · Reducida: 2,50 € · Grupos (desde 8 personas): 3 € · Entrada + libro guía: 12 €
Todas las entradas incluyen audioguía EasyGuide en el móvil.