Cuando hablamos de la Generación del 27, los nombres que vienen primero a la mente son los de los poetas: Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre. Sin embargo, este movimiento —uno de los más brillantes de la cultura española del siglo XX— no fue exclusivamente literario. Tuvo también una dimensión plástica, visual, pictórica. Y en esa dimensión, el nombre que destaca con mayor nitidez es el de Gregorio Prieto.
Pintor, dibujante, fotógrafo, ilustrador y guardián de la memoria de toda una generación, Gregorio Prieto (Valdepeñas, 1897 – Valdepeñas, 1992) vivió el siglo XX con una intensidad excepcional. Compartió años de formación, amistad y creación con los grandes nombres del 27, recorrió Europa en los años más convulsos del siglo, retrató a Winston Churchill y a Greta Garbo, colaboró con la BBC como crítico de arte, y regresó a España para dedicar el resto de su vida a conservar y difundir el legado de sus amigos y contemporáneos. Murió a los noventa y cinco años, habiendo visto nacer el museo que hoy lleva su nombre en su ciudad natal.

Un pintor en el corazón del 27
La Generación del 27 tomó su nombre del año en que sus principales figuras se reunieron en Sevilla para conmemorar el tricentenario de Góngora. Pero como movimiento cultural, sus raíces y sus ramificaciones van mucho más allá de ese momento simbólico. Fue una confluencia de talentos que compartieron espacios, lecturas, amistades y una manera de entender la creación como diálogo entre la tradición más honda y la vanguardia más atrevida.
Gregorio Prieto formaba parte de ese tejido desde los primeros años veinte. En 1922 conoció en Madrid a Rafael Alberti y a Luis Cernuda. En abril de 1924, en la Residencia de Estudiantes, presentó a Alberti a Federico García Lorca ante la presencia de Juan Ramón Jiménez, en una conversación que Prieto recordaría siempre como la más hermosa que había escuchado en su vida. Vicente Aleixandre, María Zambrano, Manuel Altolaguirre, Concha Méndez, Maruja Mallo, Rosa Chacel: todos ellos dejaron huella en su vida y en su obra, y él en la de ellos.
No era un observador ni un satélite del grupo. Era uno más, con su propio lenguaje plástico, su propia trayectoria y su propia voz.
Su obra: entre el surrealismo, la metafísica y la identidad
La pintura de Gregorio Prieto no puede reducirse a una sola etiqueta. Formado en la Academia de Bellas Artes de San Fernando —donde ingresó en 1915 tras superar el examen de acceso sin decírselo a su padre—, completó su educación en París a partir de 1925 y en la Academia Española de Bellas Artes de Roma desde 1928. Esa formación europea fue decisiva: en París entró en contacto con el cubismo y el surrealismo; en Roma se relacionó con Giorgio de Chirico, con Carlo Carrà, con el pintor metafísico que más influyó en su imaginario de maniquíes, figuras suspendidas y paisajes de arquitectura clásica.
Su obra más característica mezcla la precisión del dibujo con una atmósfera onírica y cargada de simbolismo. Los marineros, los maniquíes articulados, los paisajes de Grecia y La Mancha, los retratos de sus contemporáneos, los homenajes a Lorca: todo en Prieto tiene una doble temperatura, realista y misteriosa al mismo tiempo. La misma tensión entre lo local y lo universal que definió al 27 en la literatura. Puedes explorar su colección completa en el Museo.

Junto a Prieto, otros artistas plásticos formaron parte o orbitaron en torno al grupo: Benjamín Palencia, Maruja Mallo, y algunas de las artistas que hoy el movimiento Las Sinsombrero ha devuelto a la memoria colectiva, como Delhy Tejero o Remedios Varo. Lo que distingue la trayectoria de Gregorio Prieto dentro de este conjunto es su proyección internacional sostenida durante décadas, su producción amplísima —más de cinco mil obras—, su actividad como escritor y crítico, y la dimensión institucional que su legado adquirió en vida.
El guardián de la memoria del 27
Hay una dimensión de Gregorio Prieto que va más allá de su propia obra y que resulta igualmente singular: su papel como conservador y difusor activo de la memoria de la Generación del 27.
Desde los años cuarenta, Prieto publicó libros, organizó exposiciones y escribió textos sobre sus amigos y contemporáneos con una dedicación que no tenía equivalente. Publicó Lorca en color (1969), Lorca y la generación del 27 (1977), Cernuda en línea (1981), y realizó los decorados para La Zapatera Prodigiosa de Lorca. Conservó cartas, dibujos, fotografías y documentos de todo el grupo, que hoy forman parte del archivo de la Fundación Gregorio Prieto: cerca de ocho mil documentos que incluyen correspondencia con Lorca, Alberti, Aleixandre, Zambrano, Cernuda, Altolaguirre, Chacel, Méndez y muchos otros.
En tiempos en que el franquismo silenciaba o perseguía la memoria de buena parte de estos nombres, Prieto actuó como memoria viva del 27, primero desde el exilio en Londres y después desde la España de la posguerra, con toda la discreción y la tenacidad que aquellos años requerían.
Un legado institucional único
En 1968, Gregorio Prieto fundó la Fundación Gregorio Prieto mediante documento notarial en la Cueva-Prisión de Cervantes en Argamasilla de Alba, adscrita entonces al Ministerio de Educación y Ciencia. Era un gesto de voluntad explícita: garantizar que su obra y la memoria que había custodiado tuvieran continuidad más allá de su vida.
En 1990, el rey Juan Carlos I inauguró el Museo de la Fundación Gregorio Prieto en Valdepeñas, ciudad natal del pintor. Hoy, el Museo Gregorio Prieto alberga más de cinco mil obras del artista, junto a piezas de Lorca, Alberti, Pablo Picasso, De Chirico y otros creadores de su tiempo, además del fondo documental y epistolar. Es el museo privado de bellas artes más importante de Castilla-La Mancha y uno de los más destacados de España.
La Fundación Gregorio Prieto forma parte del Pleno de la Comisión Nacional para la Conmemoración del Centenario de la Generación del 27, creada por Real Decreto en 2026, como única institución del Pleno que representa la dimensión plástica del movimiento.
Por qué importa en 2027
El centenario de la Generación del 27 no es solo una efeméride literaria. Es una oportunidad para recuperar la imagen completa de un movimiento que fue también pictórico, musical, teatral y fotográfico. Entender el 27 sin sus pintores es entenderlo a medias.
Gregorio Prieto vivió el 27 desde dentro, lo pintó, lo retrató, lo conservó y lo transmitió. Su museo y su archivo son hoy una de las fuentes primarias más ricas para conocer ese mundo. Para periodistas, investigadores, docentes y lectores curiosos que en 2027 quieran acercarse a la Generación del 27 más allá de los versos conocidos, Valdepeñas es un destino imprescindible.

Museo Gregorio Prieto
Calle Unión, 10 · Valdepeñas, 13300 (Ciudad Real)
Teléfono: +34 926 324 965
museo@gregorioprieto.org · www.gregorioprieto.org
Horario: martes a sábado, 10–14 h y 17–20 h. Domingos y festivos, 11–14 h. Cerrado los lunes.
Entrada general: 5 € · Reducida: 2,50 € · Grupos (desde 8 personas): 3 € · Entrada + libro guía: 12 €
Todas las entradas incluyen audioguía EasyGuide en el móvil.