Gregorio Prieto (Valdepeñas 1897–1992) nunca sostuvo una cámara fotográfica entre sus manos, pero se sirvió de ella a través de sus amigos, para elaborar una suerte de biografía imaginada, haciéndose fotografiar en una variedad de poses y escenas cargadas de narcisismo y en ocasiones perturbadoras, que revelaban su profunda admiración por el arte grecolatino.

Frecuentando la compañía de los grandes poetas de la generación del 27, el joven Gregorio Prieto se formó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando antes de continuar sus estudios en París y, más tarde, como pensionado en pintura de paisaje, en la Academia de España en Roma durante el período 1928–1933. Fue en la capital italiana donde eclosionó su pasión por la fotografía a raíz de su amistad con el también becado en pintura Eduardo Chicharro Briones, fotógrafo amateur que le apoyaba en la parte técnica y con el que concibió las vanguardistas instantáneas que conforman la primera de sus etapas fotográficas.

Cuando en el verano de 1936 estalló la guerra en España, Gregorio Prieto buscó refugio en Londres donde fijó su residencia; entonces no podía imaginar que iniciaba un exilio que duraría más de once años, hasta finales de 1947. Durante estos años en Inglaterra conoce al escultor hispano-inglés Fabio Barraclough, con el cual retomará allí su actividad fotográfica, y sobre todo a su vuelta a España, a partir de los años cincuenta.

Tanto en las fotografías realizadas en Roma, como en las posteriores de los años cincuenta, es Gregorio Prieto quien compone las diferentes escenas.

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